expectativas románticas
LIFESTYLE

Expectativas románticas y por qué las mujeres tienden a decepcionarse.

¿Cómo no renunciar a los hombres?

Al tratar de comenzar una relación, hombres y mujeres a menudo se ponen inconscientemente la tarea, no de conocer a una posible pareja potencial de la que enamorarse poco a poco, sino la de encontrar a alguien que nos encante, alguien que encaje en el ideal que tenemos en nuestra mente de lo que debe ser nuestra pareja, «nuestra media naranja», y no a una persona real.

Esto en una aventura puntual en la que no se llega a conocer de verdad a la persona puede funcionar. Podemos perfectamente proyectar la imagen que queramos sobre una persona sin que le de tiempo a defraudarnos con la realidad.

Pero si lo que quieres es una relación y no una aventura puntual, entonces el deseo de encantar y de que te encante entra en conflicto con el deseo de conocerse de verdad.

La cultura de masas nos informa que lo «correcto» es idealizar, buscar solo lo bueno y lo ideal. Por esta razón, una de las etapas inevitables y naturales de una relación es la frustración.

Si, por ejemplo, la imagen que tiene una mujer de lo que debería ser un «hombre real» es la de un tipo duro, entonces la más mínima discrepancia con esta imagen conducirá a un enfriamiento y a una decepción, o a intentos de educar a ese hombre hasta que encaje en esta imagen.

Otra opción para la decepción es descubrir que las cualidades de tu pareja que tanto te gustaron tienen un lado oscuro. Siguiendo con el ejemplo de antes, resulta que ese hombre que encaja en tu ideal de tipo duro, también es emocionalmente un muro de piedra, algo en lo que quizás no reparaste cuando creaste tu ideal de pareja y que ahora te genera frustración.

La tercera opción de decepción es el descubrimiento de cualidades o características de comportamiento de la pareja que él ocultó con todas sus fuerzas, solo tratando de evitar la decepción.

Lo que encontramos es común a todos los tipos de frustración: nuestra pareja no puede satisfacer todas nuestras necesidades.

En el corazón de la idealización está el sueño de encontrar a un hombre que compense todas nuestras carencias. Una mujer que carecía de seguridad cuando era niña quiere encontrar a alguien que siempre y en cualquier situación la proteja. Si alguien no tiene suficiente autoestima, puede acabar buscando a alguien que aparente ser muy seguro de sí mismo…

Es decir, tendemos a buscar aquellas cosas que faltan en nosotros mismos. El problema viene cuando después de un tiempo descubrimos que ni es tan seguro ni nos va a proteger siempre.

Cuanto más fuerte es la idealización, más ensordecedor será el ruido del derrumbamiento, transfiriendo a la otra persona toda la responsabilidad del fracaso, cuando todo en o que se basaba la relación estaba basado en una mentira o un sin sentido.

«¡Oh Dios mío! ¡Él no quiere entrar en conflicto con su madre para protegerme! ¡Es un mierda!» O: «¡Es que nunca me escuchas!» (aunque quizás no siempre esté listo para escuchar o sea la otra persona la que nunca escuche y siempre necesite ser escuchada).

¿Se puede evitar la decepción?

No, por desgracia este es un proceso natural . ¿Cómo saber entonces si nuestras expectativas y esperanzas son poco realistas?

No es realista esperar que nuestra pareja responda a todos nuestros deseos y que entregue su vida por nosotros o pensar que nunca habrá conflictos domésticos, disputas o malentendidos con él.

La expectativa menos realista es que una pareja puede funcionar si se hacen los esfuerzos suficientes (Esta ilusión suele derrumbarse cuando dichos esfuerzos chocan con la forma de ser o de pensar de la otra persona).

Lo más importante es que, salga bien o salga mal, todo debe basarse en una completa ausencia de violencia emocional y física, así como el reconocimiento del valor de nuestras experiencias y la voluntad de discutirlas. Si esto tampoco, la relación está condenada al fracaso.

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